Noche oscura, noche solitaria, noche lluviosa. El agua corría por las calles arrastrando alguna que otra hoja que inútilmente intentaba aferrarse en alguna esquina. Las calles estaban solitarias, era tarde, solo se escuchaba el ruido del agua cayendo con furia sobre mi paraguas. –Dichosa lluvia, porque precisamente hoy tenía que llover- dije mientras andaba veloz por la oscura y solitaria calle.
Saqué mi móvil del bolsillo con mucho cuidado de que no le callera ni gota de agua, mi móvil es como oro para mí. Busqué en la agenda y le di al botón de llamar. Un tono, dos tonos, tres tonos.
- Dime angelillo
- ¿Me abres?, estoy abajo en la puerta
- Si, dame un momento.
No pasó ni medio minuto cuando escuché la cerradura. La puerta se abrió y yo entré en un abrir y cerrar de ojos. Tenía los pies empapados.
-Llueve mucho ¿eh? Me dijo con una sonrisa pícara.
-Bastante diría yo, mira mis pies, les falta algún que otro pez nadando poro ahí. Contesté con cara de pena.
Subimos las escaleras y nada más entrar en la habitación me descalcé y me tiré en plancha de un salto en la cama. Jodidamente cómoda pensé.
La televisión estaba encendida, no recuerdo muy bien que había pero daba igual, no le prestaba mucha atención. Charlamos, vimos unas fotos en su portátil, nos reímos de alguna anécdota y entonces él me besó. Un beso lento, delicado, dulce, largo. Nos miramos y yo sentía como los colores se ponían en mi cara morena. Entonces nos reímos. Entre besos y caricias, nuestra ropa se iba deslizando lenta y cuidadosamente, acabando en el suelo de madera de aquella habitación, nuestra habitación. Alguna de las luces estaba encendida dejando ver nuestros cuerpos desnudos al completo. En ese momento sentí algo que nunca había sentido con nadie. Seguridad, confianza, complicidad. No sentía vergüenza. Que aquel hombre relativamente extraño viera mi cuerpo desnudo no provocaba en mí esa sensación violenta que otras veces me paralizaba por completo y me convertía en un hombre rígido por completo. La noche avanzaba lenta pero a la vez rápidamente. Nuestros cuerpos se entrelazaban uno con otro. Su piel, suave como la seda se rozaba con la mía. Su barba que picaba allá donde posara su cara redonda. Y así, el deseo y el placer se apoderó de nosotros y nos dejamos llevar por la pasión, como un pétalo de rosa que se deja llevar por la corriente algún rio.
- ¡Oh dios, que tarde es! Dije mientras me vestía a toda prisa, no había que olvidar que era viernes y yo no tenía por costumbre salir un viernes noche.
- Te acompaño, ¿vale?
- No no, de verdad, voy yo solo, además está lloviendo a cantaros, te vas a mojar que no tienes paraguas.
- No importa, me apetece acompañarte.
Los dos andamos veloces, casi corriendo, por las calles del pueblo. Era tarde, no se escuchaba ningún ruido de fondo de que no fuera el agua golpeando los tejados. Un poco mojados llegamos a la puerta de mi casa, abrí la puerta del portal y entramos dentro, nos despedimos con un beso, le recordé como se llegaba a la posada por si se perdía y se fue. Yo subí a mi casa, un 3º sin ascensor, estaba cansado, había sido un largo día. Entré en mi habitación, me puse el pijama y me eché a dormir…


bueno, bueno...
ResponderSuprimirk sin vivir!!!
vaya novela angelitoO!!
un besitoO!!
menos mal que volviste. Que sensación más increible, y que ganas de sentir algo parecido.
ResponderSuprimirUn beso cariño
Me gusta! :)
ResponderSuprimirEspero que ese sentimiento dure por mucho tiempo.
Un beso pequeño! (Tú, no el beso ;) )
Me gusta, me gusta, espero la continuación como espero la lluvia en un día nublado, con verdadera impaciencia ^^
ResponderSuprimirUn besote muy grande
Maurice.
YA NO HAS VUELTO A ACTUALIZAR ESTO O QUÉ?
ResponderSuprimirQUE ESTAMOS EN MAYO (Y QUE POCO LE QUEDA).
xxx
Cielote te he dejado un regalito en mi blog =)
ResponderSuprimirHe vuelto.
ResponderSuprimir¿Y si ya nada valiese realmente la pena?, gritar, pasa a ser alguna desesperación secundaria, bloqueadas tus palabras, se desvanecen. Y los susurros de tiempo son navajazos por la espalda…
Violetcarsons.